Recuerdo que siempre me ha gustado el fútbol. Y, obviamente, nunca he llegado a ser lo suficientemente bueno como para obtener dinero de ese deporte, aunque sí bastante satisfacción personal. Disfrutaba, y eso estaba muy bien.
Con el paso de los años, para poder jugar con regularidad, acabé apuntándome en varios equipos de fútbol-7, en ligas que se disputan por la noche un día fijo de la semana (ahora estoy en dos ligas: una que se juega los lunes y una que se juega los martes). Y la cosa seguía siendo gratificante, pero pasó de "no gano dinero" a "me cuesta dinero".
Ahora andamos ya por los 42 años, cualquier chavalín con empuje te quita la pelota antes de que un compañero te ofrezca la oportunidad de darle un pase razonable, aguantar la posesión se complica y salir por velocidad o regateando se ha convertido en una utopía. Además, últimamente he pasado por la experiencia de no sólo "pagar y jugar", sino también hacerme cargo de algún equipo (gestionar fichas, recoger dinero, tratar con los organizadores de las ligas, preocuparme personalmente de que siempre acudamos al menos siete jugadores a cada partido...) y sufrir la informalidad de algunos de mis compañeros, aquellos para los que la palabra "compromiso" carece de significado... o significa "si me apetece, ya iré". En resumen, la situación actual es "me cuesta dinero y disgustos".
En fin, que ya estamos muy mayores para según qué cosas y no sé si la temporada que viene seguiré jugando. De momento, estreno este blog para desfogarme un poco, para ver si patalear en público (es un decir) me sirve de terapia.
De las lesiones musculares, hoy, ni hablamos.
Recién vuelto a casa y ya de mudanza
Hace 13 años